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lunes, 11 de abril de 2011

PCC: Reflexiones sobre niños, museos y misterios

El sábado cumplí (parte de) mi promesa y me escapé por la tarde al MNAC con dos objetivos: ver la exposición de Courbet e investigar el asesinato de Serafí Coll con las pistas escondidas en su sala de arte Gótico.

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Aunque también tuvimos tiempo de disfrutar del solecito y de las vistas desde mi lugar favorito del mundo, la escalinata del MNAC


La exposición de Courbet fue maravillosa, aunque las relaciones establecidas entre su obra y la de otros realistas catalanes en algunos casos estaba un poco cogida con pinzas, y la actividad "Los misterios del MNAC" no pudo haber ido mejor: nuestro fantástico detective llevó a cabo una ardua investigación, descubrió al asesino e incluso avisó al guarda de seguridad al salir de quién era, dónde estaba y cómo iba vestido para que la autoridad tomara las medidas pertinentes.

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Luego posó elegantemente y en exclusiva para A&A con su chapa identificativa "el detective que ha resuelto uno de los misterios del MNAC"

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Por supuesto yo, orgullosa, quise sacarme una foto con el héroe de la tarde


Pero a lo que íbamos, que era a hablar de niños en museos. Mientras paseábamos por las salas de la exposición temporal y para mantener interesado a mi sobrino, nos pusimos a jugar a descubrir qué hacían los personajes de los cuadros que íbamos viendo. Esto empezó conmigo muy convencida preguntando "qué lleva ese señor en la mano" y con él muy confundido diciéndome que no veía nada.

Simo Gómez, El guitarrista. 1877
Simó Gómez, El guitarrista. 1877


Y fue así como me di cuenta de que, si a nosotros a veces ya nos cuesta ver bien un cuadro en un museo por los reflejos que provoca la iluminación, una personita que apenas llega al metro y medio lo tiene MUCHO difícil para ver qué demonios está pasando ahí arriba.

Por supuesto, me imagino que poco se podrá hacer para solucionar el desaguisado (alguien lo sabe o tiene alguna idea?), así que me limito aquí a compartir con vosotros mi preocupación. Porque si ya es suficientemente complicado captar la atención de un niño de 5 años en una exposición como la de Courbet, con temáticas que no reconoce, mantenerla se dificulta más si cabe.

Eso sí, queda empíricamente demostrado que cuando hay un misterio de por medio lo difícil es sacarlo del museo. Por supuesto, el trabajo del personal del MNAC fue espléndido, poniendo al interesado en antecedentes sobre la misteriosa desaparición de Serafí (también fueron muy comprensivos cuando la que suscribe, echada en el suelo completando el mapa de pistas, les suplicó que no cerraran el museo todavía porque solo nos faltaban 3 palabras por escribir). Pero, mientras que en la exposición de Courbet el pobre iba de un cuadro a otro hablando lo más bajito posible y con más miedo de hacer algo mal que otra cosa, recorriendo las salas de Gótico iba corriendo de un lado a otro, saltando cuando descifraba una pista y, en resumidas cuentas, disfrutando al 100% de lo que veía.

Y no es eso al fin y al cabo de lo que tratan los museos? De hacernos disfrutar (a todos) con lo que vemos? Mi sobrino ya me ha preguntado cuándo iremos a otro museo a resolver otro misterio. Mr. Webb también. Así que desde aquí hago dos llamamientos: uno para que se sigan realizando actividades como esta, que nos permiten a todos vivir el museo con menos normas y más alegría. Y otro para que vayáis cuanto antes a descubrir el misterio del MNAC, os prometo que lo pasaréis bomba! Y al fin y al cabo es para mayores de 9 años así que me imagino que todos los presentes entramos en esa categoría, no? ;-)

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Feliz semana chic@s!



Ps. Perdonad si la PCC de hoy no era muy P!

miércoles, 6 de abril de 2011

Realismo(s): La huella de Courbet

Este viernes se estrena en el MNAC la exposición Realismo(s): La huella de Courbet, que explora el camino abierto por el artista en su influencia a otros artistas catalanes de la época, entre otros Pere Borell y Ramón Martí Alsina.

Autorretrato: El desesperado, 1845
Autorretrato: El desesperado. 1845

Permitidme que en el post de hoy me explaye más de lo normal porque esta exposición no podía hacerme más ilusión, me encanta la obra de Courbet! A diferencia de lo que me haya podido pasar con otros artistas, a los que he estudiado y adorado sobre el papel primero y amado en directo después, Courbet nunca me hizo ni fú ni fa... hasta que me enfrenté (literalmente) a su Entierro en Ornans (1849) en el Musée d'Orsay en París.

Entierro en Ornans, 1849

Este cuadro es alucinante. No solo por sus dimensiones (imaginaos, más de 3 x 6 metros!) sino por la sensación que logra provocar en el espectador. Cuando estás ahí delante no puedes menos que guardar silencio, casi por respeto al muerto -que por otro lado ni siquiera ves. Las figuras, todas ellas tan poco expresivas. El perro, tan despistado. El agujero, tan profundo. Es una obra que te deja sin palabras, casi con la piel de gallina. Vale la visita al Orsay por si sola.

...

Pero a lo que íbamos, el realismo de Courbet. Hoy en día nos puede parecer poco atrevido, rompedor o moderno pero lo cierto es que Courbet fue de lo más revolucionario por allá en 1840, cuando lo que se llevaba (y por ende se exponía) era el rollo neoclásico:

J. L. David, El juramento de los Horacios. 1785
David, El Juramento de los Horacios. 1785

El juramento de los Horacios es el máximo exponente de este movimiento, que proclamaba las virtudes de lo clásico y su poder inspirador para la burguesía del momento. Aquí no importa que la escena sea verídica, verosímil o incluso realista. Aquí lo que importa es que está ejecutada a la manera clásica, con una composición equilibrada y racional, con un marco arquitectónico perfecto y que evoca una escena histórica. Pero sobre todo, fijaos en su teatralidad: los tres hermanos juran a su padre que defenderán su patria mientras las mujeres lloran desconsoladas (pero perfectamente sentadas!). Fantástico. Pero nah, eso no es lo que buscaba Courbet!

Autorretrato: El hombre herido, 1844-54
El hombre herido. 1844-54

Courbet se formó en París con el maestro Gros, con quien estudió a otros grandes del realismo como Chardin, Ribera, Zurbarán y Velázquez. Sus inicios estuvieron marcados por el romanticismo de sus obras, como clara contraposición al estilo neoclásico -donde el neoclasicismo es todo cálculo y razón el romanticismo es todo emoción y víscera, en más de un caso literalmente.

Gericault, La balsa de la medusa. 1819
Géricault, La balsa de la medusa. 1819

Pero entonces, ya de cara a la segunda mitad del siglo XIX y en medio de una época revolucionaria, aparece Courbet y dice que el arte debía representar el mundo tal como era y basarse en una observación empírica de la realidad, en los hechos objetivos y no en las convenciones artísticas. Va incluso más allá afirmando que «el artista de un siglo es básicamente incapaz de reproducir el aspecto de un siglo pasado o futuro. [...] Es en este sentido que niego la posibilidad de un arte histórico aplicado al pasado. El arte histórico es contemporáneo por naturaleza. Cada época debe tener sus artistas que la expresen y la reproduzcan para el futuro». Vamos, que Courbet se dedicó a tirar por tierra todos los dictámenes de la Academia, que era el "organismo" que controlaba la escena artística francesa y (consecuentemente, en el aquél momento) mundial.

La Fuente, 1868
La fuente, 1868

Basta de mujeres y hombres perfectos, basta de sacar guapo al protagonista! Basta de hablar de grandes héroes clásicos y vivan los héroes cotidianos: los del pueblo, los del barrio, los que vemos cada día. Basta de que me digan cómo y qué debo pintar, basta de pintar cosas bonitas para que me las compren. Basta de un arte elitista y arriba la democratización del arte, que las clases bajas y los temas cotidianos tengan la misma dignidad artística que las grandes gestas históricas.

Sobremesa en Ornans, 1848
Sobremesa en Ornans. 1848

Los picapedreros, 1849
Los picapedreros. 1849

Así, la aportación de Courbet al realismo no radica en la técnica, que es básicamente la tradicional del Barroco, sino en su nueva actitud frente a la vida y el compromiso histórico que persigue plasmar la naturaleza con una exactitud y una objetividad absolutas. Nada del otro mundo, podríais pensar... pero nada más lejos de la realidad. Los muros que Courbet logró derribar allanaron el camino de otros tantos como Manet, Cézanne e incluso Picasso. Courbet, ahí donde lo veis, es probablemente el padre de la modernidad.

Autorretrato: Hombre de la pipa, 1849
El hombre de la pipa. 1849

De su Entierro en Ornans dijo la crítica «¿Cómo se puede pintar algo tan horrible? Le hacen a uno perder las ganas de ser enterrado en Ornans». Ante semejante comentario probablemente Courbet objetaría que no era él quien creaba la realidad, solamente quien la constataba de manera objetiva. Y como le diría a un amigo «Lo más difícil ya está hecho. Tiene que entrarnos en la cabeza: cuanto más nos nieguen, más nos engrandecerán, más futuro tendremos, pues cada año que nos quitan en este momento equivale a diez años más de futuro». Amén.

...

Espero que la pequeña historia de hoy os anime a visitar la exposición y, si os habéis quedado con ganas de más, permitidme que os recomiende los libros El realismo de Linda Nochlin (aquí) y El realismo de Courbet de Michael Fried (aquí), ambos una joya que vale la pena leer si, como a mi, Courbet os parece el no va más. Que no estáis para libros pero queréis profundizar un poco más? Escribidme a artandapart@gmail.com y estaré encantada de enviaros el ensayo que escribí hace algunos años y en el que he basado este post.

Un beso a todos y feliz miércoles!!
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